La Carta del Director I El momento de la Defensa y el lugar que debe tener Aragón

El presentado proyecto Aragon Defence Hub encaja en el realismo estratégico de la Defensa y los riesgos que asume Europa.
El presidente del Gobierno aragonés, Jorge Azcón / EP

Vivimos un tiempo que no admite autoengaños. Europa ha entrado en un punto de inflexión histórico: la guerra en Ucrania, la presión militar desde el Este, la inestabilidad en el flanco sur y el repliegue condicionado de Estados Unidos nos interpelan con crudeza. La paz no es un derecho adquirido, es un bien que se protege. En ese marco, el Aragon Defence Hub no es un titular grandilocuente: es un hito. Y lo es porque aterriza, con pragmatismo, una respuesta industrial y tecnológica a una pregunta esencial: ¿qué lugar ocupa la industria de defensa en la seguridad colectiva europea?

España ha marcado un rumbo: 34.000 millones de euros hasta 2037 para modernizar capacidades. En paralelo, la Unión Europea empuja con el programa ReArm Europe / Preparación 2030, con la ambición de movilizar cerca de 800.000 millones en cuatro años para reforzar autonomía estratégica, capacidad militar común y resiliencia industrial. En ese tablero, Aragón no asoma tímida: emerge. Y no lo hace sola. Así quedo de manifiesto en el encuentro entre Jorge Azcón y Margarita Robles: hay una hoja de ruta compartida entre el Gobierno autonómico y el central para convertir la ventaja comparativa de nuestra tierra en ventaja competitiva.

No partimos de cero. Aragón cuenta con una presencia histórica del Ejército; Huesca alberga la División Castillejos, la mayor fuerza de combate del Ejército de Tierra con capacidad desplegable. Esa tracción operativa convive con un tejido empresarial en transición hacia la IA, la electrónica avanzada, la fabricación aditiva, los sistemas no tripulados, las comunicaciones seguras o la energía de nueva generación. El Aragon Defence Hub, concebido como consorcio público-privado y con más de 110 empresas ya alineadas, es el instrumento para ordenar la demanda, acelerar la oferta y capturar fondos europeos.

Aquí la palabra clave es transferencia. Muchas soluciones duales nacen en defensa y aterrizan después en la vida civil: sensores para logística, ciberseguridad para pymes, materiales ligeros para automoción, algoritmos de visión artificial que mejoran la salud o el agro. Si hacemos las cosas bien, el ‘hub’ será seguridad para Europa y crecimiento para Aragón. No hablamos de retórica, hablamos de empleo cualificado, cadenas de suministro locales, centros de ensayo y certificación que anclen talento.

Europa ya ha entendido que autonomía estratégica no es un eslogan; es capacidad industrial y tecnológica tangible. ¿Dónde encaja Aragón? En dos vectores: la industrialización de la IA –algoritmos, datos soberanos, edge computing– y la relocalización de componentes críticos. Si el DORA aeroportuario reserva miles de millones para energía fotovoltaica y digitalización, si la automoción encara la electrificación, si la logística se robotiza, el ecosistema aragonés puede y debe sincronizar su agenda civil con la demanda de defensa. Esa es la potencia del enfoque dual: no improvisar fábricas ad hoc, sino escalar sobre fortalezas existentes.

Para lograrlo, hacen falta tres palancas. La primera, gobernanza: una ventanilla única que priorice proyectos, case necesidades de Fuerzas Armadas y de OTAN/UE con la oferta local y mida resultados. La segunda, financiación paciente: coinversión público-privada para TRLs intermedios (del laboratorio al prototipo) y para series cortas que validen tecnología. La tercera, personas: FP especializada, másteres y doctorados industriales para formar a los perfiles que hoy no existen en número suficiente. Sin esa masa crítica, el relato se queda en promesa.

El Aragon Defence Hub encaja en ese realismo estratégico. Orquesta proveedores, centros tecnológicos y comandos operativos en un territorio con infraestructura logística de primer nivel, energía competitiva y una cultura de colaboración público-privada que ya ha demostrado resultados en otros sectores. No es militarismo: es madurez. La seguridad no es antónimo de prosperidad; es su condición.

Europa necesita capacidad y confianza. Aragón puede ofrecer ambas.

*Álvaro Sierra es socio y director editorial de HOY ARAGÓN

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