Opinión | Algo vas a perder

Y sin embargo, lo que ganas puede valer más que todo lo que se queda por el camino
El consejero delegado de Zebra Ventures, Sergio Martínez
El consejero delegado de Zebra Ventures, Sergio Martínez

Emprender es, en esencia, un salto al vacío. Un mar de dudas constantes donde la brújula late a golpe de ilusión, pero también de sacrificio. Porque emprender no significa simplemente abrir un negocio o colgar un cartel de “se alquila” y esperar que la gente entre por la puerta; significa invertir tu energía, tu dinero, tus horas de sueño y, a veces, parte de tu salud mental.

Algo vas a perder, seguro. Tal vez sea tiempo con la familia, la tranquilidad de un salario fijo o esos ratos con amigos que antes parecían innegociables. Pero, ¿qué es lo que se gana? La posibilidad de construir algo propio, de aprender a cada paso y de abrir un horizonte que, por duro que sea, se siente auténtico. 

Nos encontramos en una época en la que el miedo y la desmotivación se han adueñado de demasiadas conversaciones. Se multiplica el número de personas que optan por un camino ‘más seguro’ (permítame dudar de si es la palabra correcta), por un puesto de funcionario o por preparar oposiciones. No es que esto sea malo en sí mismo, pero sí es un síntoma: el de una sociedad en la que cada vez más gente renuncia a la idea de lanzarse a la piscina con un proyecto propio. Falta de apoyo, de ambición, de un entorno que “cierre filas” y refuerce al que arriesga. Porque, sin ese respaldo, es casi imposible sostener el empuje que exige un emprendimiento. Al final, todos somos humanos y todos necesitamos sentir que, cuando flaqueamos, hay alguien —familia, amigos o instituciones— que tiende la mano.

Claro que preocuparse no sirve de nada si no pasamos a la acción. Hay que ocuparse. Y para eso, el emprendimiento tiene que estar liderado por quienes se lo creen de verdad. Gente con pasión por resolver problemas, por cambiar las reglas del juego y por pelear en primera línea. Porque si volvemos a las viejas fórmulas de “mucho traje y poca cancha”, sólo vamos a vivir la teoría en bucle, sin avances reales. Se necesita conocimiento del terreno, conexiones y apoyarse en gente que también esté en el barro; esa red de mentores, partners y compañeros de fatiga que saben lo que es remangarse para pagar nóminas o lidiar con papeleos a destajo.

Ahí es donde las políticas deben marcar la diferencia: no tanto regalando cheques o premios simbólicos, sino facilitando el día a día. Hay muchos ejemplos a nuestro alrededor, no tenemos que inventar nada: reducir las cargas fiscales, agilizar la contratación, simplificar trámites… En definitiva, quitar palos de la rueda en lugar de clavar más. Sólo así se cultiva el caldo necesario para que broten nuevas iniciativas. Porque, a día de hoy, apenas emergen startups en Aragón —y no es por falta de talento—; es que no hemos trabajado lo suficientemente bien ese espíritu emprendedor cuando aún está en fase de semilla.

Invertimos en grandes titulares, sí, pero nos olvidamos de crear inercia real, de coordinar esfuerzos, de sumar en vez de generar pequeños reinos de taifas donde cada uno va a lo suyo.

Y, por supuesto, la innovación no es opcional, sino vital. En un mundo que gira tan rápido, quedarse quieto es sinónimo de obsolescencia programada. Hay que atreverse: invertir, confiar, arriesgar y, por el camino, equivocarse. Que no es otra cosa que aprender. Así se teje un tejido emprendedor fuerte, capaz de adaptarse y de crecer en entornos cambiantes. No hace falta ser un genio para comprenderlo; hace falta valentía, perseverancia y rodearse de un entorno que impulse en lugar de frenar.

Porque sí, algo vas a perder cuando decides ponerte en marcha, pero lo que puedes ganar —la libertad de crear, la emoción de construir, la satisfacción de ver un sueño tomar forma— puede transformar tu vida y, por extensión, la de tu entorno.. Que no te vendan otro cuento: el futuro no va a llegar con la comodidad de un mero espectador. Se construye en el día a día, con cada sacrificio, cada lección y cada victoria que luchemos hasta conseguir.

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