Opinión | Navarra ya no es una potencia industrial ni es competitiva: Aragón ya está por encima
En Navarra, la reciente noticia del cierre de la planta de electrodomésticos de BSH en Esquíroz, que amenaza con dejar sin empleo a más de 1.000 personas, se ha convertido en un símbolo del preocupante panorama empresarial de la comunidad foral. Este cierre no es un hecho aislado, sino parte de una constante de deslocalizaciones, cierres y traslados que evidencian la necesidad de una reflexión profunda sobre el modelo fiscal y económico de la comunidad vecina de Navarra.
Esta situación choca más con la realidad que vive Aragón: sólo en el año 2024, la comunidad aragonesa anunció inversiones por valor de 40.000 millones de euros, en centros de datos, automoción y tecnología; siendo la comunidad que más inversión ha anunciado por delante de la Comunidad de Madrid. Por tanto, la pregunta es más que evidente, ¿qué está pasando en Navarra? De ser una economía industrial y diversificada, a ser una economía que anuncia cierres y deslocalizaciones de las empresas.
¿Qué está pasando en Navarra?
El cierre de BSH ejemplifica el drama humano que acompaña a estas decisiones: más de 600 empleos directos y otros 400 indirectos están en peligro. Sin embargo, este caso es solo la punta del iceberg. Empresas como Berlys-Taberna, Sunsundegui, Gamesa, Acciona y Volkswagen enfrentan nubarrones similares. Mientras tanto, otras relevantes han optado por trasladar sus domicilios sociales y fiscales a comunidades como Madrid, donde las cargas tributarias son menores.
La causa de este fenómeno no es un secreto: Navarra aplica una de las fiscalidades más altas de España, con un impuesto de sociedades del 28% frente al 25% estatal, y un IRPF que penaliza a los directivos y profesionales cualificados con tasas que superan las de países como Alemania. Según el Índice Autonómico de Competitividad Fiscal, Navarra ocupa el último puesto en IRPF y Patrimonio, lo que disuade la llegada de inversiones y talentos clave.
Aragón y el contraste en la captación de inversiones
Mientras Navarra enfrenta este goteo de cierres y traslados, comunidades vecinas como Aragón están en auge. En 2024, Aragón ha logrado atraer inversiones por valor de 40.000 millones de euros, incluida una fábrica china de baterías eléctricas. Lo paradójico es que, a diferencia de Navarra, Aragón no cuenta con un régimen fiscal propio y ventajoso, pero ha sabido crear un ecosistema competitivo que resulta más atractivo para las empresas.
Si bien el Gobierno de Navarra no puede ser directamente culpado de todas las deslocalizaciones, tiene una responsabilidad evidente en la creación de un entorno favorable para las empresas. En lugar de actuar como bombero apagando incendios tras los anuncios de cierre, debería ser el arquitecto de un modelo fiscal y económico que fomente la llegada de nuevas inversiones y la retención de las existentes.
La constante fuga de empresas no solo implica pérdida de empleos y talento, sino que también tiene un efecto multiplicador en la economía local. Cada fábrica que cierra no solo deja un vacío en su sector, sino que también impacta negativamente a los proveedores, los servicios asociados y la confianza general de la comunidad empresarial.
En este contexto, la falta de nuevas inversiones que ocupen el lugar de las que se van es un síntoma preocupante. El dinamismo económico de una región depende de su capacidad para atraer y mantener empresas que generen empleo, innovación y riqueza. Navarra, lamentablemente, parece estar atrapada en un círculo vicioso en el que las salidas superan con creces a las llegadas.
Lo que Aragón ha sabido hacer durante los últimos años, con gobiernos de colores diferentes, ha sido incapaz hacerlo Navarra. La realidad es tozuda, y Aragón lleva más de una década ejerciendo una política económica e industrial práctica, alejada de prejuicios y abierta a las demandas del mercada.
El modelo fiscal como freno
El modelo fiscal de Navarra es, sin duda, uno de los factores más críticos. La alta carga impositiva, tanto para empresas como para particulares, no solo desincentiva la inversión, sino que también coloca a la región en desventaja frente a otras comunidades autónomas y países europeos.
Para revertir esta tendencia, Navarra necesita una estrategia a largo plazo que combine una fiscalidad competitiva con políticas que impulsen la innovación, la formación y la infraestructura. El talento y las empresas no llegarán si no encuentran un entorno que les ofrezca oportunidades y beneficios claros frente a otras regiones.






