Piluca Barrau, farmacéutica: "El olor corporal no es simplemente una cuestión de limpieza"

Uno de los aspectos clave es entender que el sudor, por sí mismo, no tiene olor
Piluca Barrau, farmacéutica.
Piluca Barrau, farmacéutica.

El olor corporal sigue siendo uno de los aspectos más estigmatizados de la salud cotidiana. Asociado habitualmente a la falta de higiene, este fenómeno es, sin embargo, mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Detrás de los cambios en el olor corporal intervienen múltiples factores biológicos, desde la microbiota de la piel hasta las variaciones hormonales o el estrés. Así lo explica Piluca Barrau, farmacéutica especializada en salud integral, quien pone el foco en la necesidad de comprender este proceso desde una perspectiva científica y no únicamente estética.

“El olor corporal no es simplemente una cuestión de limpieza”, señala Barrau. “En muchos casos, es una manifestación de lo que ocurre dentro del organismo”. Esta afirmación resume un cambio de enfoque cada vez más respaldado por la evidencia, el olor corporal no debe interpretarse como un fallo en los hábitos de higiene, sino como el resultado de una interacción compleja entre el cuerpo y su entorno.

Uno de los aspectos clave es entender que el sudor, por sí mismo, no tiene olor. Su función principal es regular la temperatura corporal mediante la liberación de agua y electrolitos a través de las glándulas sudoríparas. El olor aparece posteriormente, cuando ese sudor entra en contacto con bacterias presentes en la piel. Estas metabolizan ciertos compuestos, especialmente aquellos ricos en lípidos y proteínas, y generan sustancias volátiles responsables del olor característico.

A este proceso se suma otro factor, el estrés. En situaciones de tensión emocional, el organismo activa el sistema nervioso simpático, lo que estimula las glándulas apocrinas, localizadas en zonas como las axilas o las ingles. El sudor producido en estos casos es más denso y contiene una mayor concentración de compuestos orgánicos, lo que favorece la aparición de un olor más intenso. Se trata de lo que comúnmente se conoce como “sudor emocional”, diferente al que se produce durante la actividad física.

Las hormonas también juegan un papel fundamental. Durante la adolescencia, la activación hormonal propia de la pubertad incrementa la actividad de las glándulas apocrinas, lo que explica el aumento del olor corporal en esta etapa. En la menopausia, por su parte, la disminución de estrógenos altera el equilibrio de la piel, modifica el pH y afecta a la microbiota cutánea. A ello se suman fenómenos como los sofocos o la sudoración irregular, que pueden influir en la percepción del olor.

Pero el origen del olor corporal no se limita a la piel. Factores internos como la alimentación, la medicación o determinadas patologías también pueden modificarlo. Alimentos como el ajo, la cebolla o algunas especias contienen compuestos volátiles que el organismo elimina parcialmente a través del sudor. Asimismo, ciertas enfermedades metabólicas pueden alterar la composición de las secreciones corporales.

Ante esta realidad, los expertos insisten en la importancia de un abordaje individualizado. La higiene sigue siendo un pilar básico, pero no suficiente por sí sola. Es necesario tener en cuenta el tipo de piel, los productos utilizados, los hábitos de vida o incluso el nivel de estrés. En algunos casos, cuando el cambio de olor es persistente o llamativo, puede ser recomendable consultar con un profesional sanitario.

Como concluye Barrau, “el olor corporal no es un problema superficial, sino una señal biológica que, bien interpretada, puede aportar información relevante sobre nuestro equilibrio interno”.

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