Vox abre la puerta a pactar con PSOE y ZeC para bloquear el presupuesto que negoció con Chueca en Zaragoza

Un mensaje que reconfigura el tablero municipal: Vox, PSOE y ZeC suman un concejal más que el PP.

El pulso entre PP y Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza por el presupuesto de 2026 acaba de subir de intensidad. La alcaldesa, Natalia Chueca, presentó este lunes unas cuentas que el Gobierno municipal califica de “históricas”, por encima de los mil millones, y que el PP daba por encarriladas tras meses de conversaciones con su socio preferente.

Pero el portavoz de Vox, Julio Calvo, no solo mantuvo el “no” anunciado la semana pasada: lanzó una advertencia con impacto político en plena tramitación presupuestaria.

Vox abre la puerta a pactar enmiendas con PSOE y Zaragoza en Común (ZeC) para forzar cambios en el proyecto del PP. “Se abre ahora un periodo de negociación con todos los grupos, a muchas bandas”, afirmó Calvo, acompañado por la concejala Eva Torres.

Un mensaje que reconfigura el tablero municipal: Vox, PSOE y ZeC suman un concejal más que el PP, lo que les permitiría coordinarse para sacar adelante enmiendas y obligar al Gobierno de Chueca a mover partidas o retocar proyectos.

La clave, sin embargo, está en el final del camino: para que el presupuesto se apruebe, alguien tiene que votar a favor de las cuentas.

Es decir, la oposición puede condicionar el contenido con enmiendas, pero la aprobación exige una mayoría que valide el conjunto. Ahí es donde el movimiento de Vox se interpreta como una estrategia de presión: marcar perfil, exhibir capacidad de bloqueo y reservar margen para negociar en público. Sin embargo, su capacidad de presión es condicionada por unir sus votos al PSOE y Zaragoza en Común, dos partidos políticos con los que Vox ha rivalizado constantemente.

Tranvía, obras y “contradicciones”

En su intervención, Calvo cargó contra lo que considera “contradicciones” del relato del PP: que Chueca asegure no haber tenido que “forzar nada” en la negociación y, al mismo tiempo, admita que se han ampliado partidas y rechazado otras por no encajar en su política municipal.

Vox puso el foco en la movilidad: criticó que el presupuesto incluya el estudio de ampliación de la Línea 1 del tranvía y recordó su alternativa del “tranbús”. También cuestionó el calendario de grandes intervenciones urbanas —como la avenida Valencia— “cuando se están acometiendo ya muchas otras grandes obras en la ciudad”.

A ese paquete sumó una reclamación recurrente: reformar la estructura administrativa del Ayuntamiento, que Vox considera “disfuncional”, y una advertencia de fondo: según Calvo, el Ejecutivo de Chueca no estaría anticipando las dificultades económicas del próximo ejercicio.

ZBE, Romareda y el “gasto inútil” de Giesa

Vox volvió a reclamar cambios en la Zona de Bajas Emisiones, defendiendo sanciones solo en días de mayor contaminación. Y elevó el tono al mencionar la Nueva Romareda: Calvo señaló que sigue pendiente la aportación del Real Zaragoza y criticó el coste de proyectos que considera prescindibles.

En esa línea, cargó contra lo que definió como gasto “inútil” del Distrito 7 en Giesa, uno de los proyectos emblemáticos del Gobierno municipal, situándolo como objetivo de las enmiendas que prepara su grupo.

Pese al rechazo frontal, Vox dejó una puerta entreabierta: dijo estar “expectante” por conocer el presupuesto “en detalle” y anunció enmiendas “abiertos a negociación”. Pero lo relevante fue el cambio de método que proclamó Calvo: “Ahora no vamos a negociar a puerta cerrada… se va a negociar de cara a la galería”, advirtiendo de una batalla pública en el pleno, con cada votación expuesta.

El choque entra así en una fase nueva: Vox amenaza con apoyarse en PSOE y ZeC para condicionar el presupuesto del PP, mientras la aprobación final obliga a resolver el nudo político de la mayoría. Y la pregunta, desde ya, es la misma que sobrevuela el Ayuntamiento: ¿es un pulso táctico, un bloqueo real… o el inicio de un giro en la relación PP-Vox en Zaragoza?

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