¿Y si España no cambia la hora? Así serían los amaneceres y atardeceres en Zaragoza

El gran titular aquí es que el verano seguiría siendo largo… pero menos “noches eternas en la calle”.

El cambio al horario de invierno vuelve en la madrugada de este domingo 26 de octubre: a las 3.00 serán las 2.00. Es el ritual de todos los años desde hace décadas. Pero esta vez llega rodeado de ruido político.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que España va a plantear formalmente en la Unión Europea que se ponga fin al cambio de hora estacional a partir de 2026, porque “ya no tiene sentido” seguir moviendo el reloj dos veces al año y porque, según el Ejecutivo, el ahorro energético que justificaba ese ajuste hace décadas ya no es relevante.

La propuesta del Gobierno es que España se quede con el horario de invierno de manera permanente, y que el resto de socios europeos también tomen una decisión coordinada. Eso colocaría a nuestro país en un huso estable (el GMT+1 actual de invierno) y alineado con Portugal y Reino Unido, que no adelantan tanto su hora respecto a su posición solar. El debate, lejos de ser menor, tiene impacto directo en cómo vivimos: cuándo amanece, cuándo anochece, cómo dormimos y hasta cómo organizamos la jornada laboral.

¿Qué pasa si nos quedamos todo el año con el horario de invierno?

Lo primero que cambia es la luz. Mantener de forma permanente el horario de invierno significa que renunciaríamos al “subidón” del atardecer tardío en verano, pero ganaríamos amaneceres mucho más tempranos.

Para verlo claro, hay que mirar al día más largo del año: el solsticio de verano, el 21 de junio.

  • Zaragoza en junio, sin cambio de hora (horario de invierno todo el año): amanecería en torno a las 5.29 y anochecería sobre las 20.41.

  • Zaragoza en junio, como ahora (con cambio al horario de verano): amanece hacia las 6.29 y anochece cerca de las 21.41.

Es decir: una hora antes de luz por la mañana, una hora menos por la tarde. En Madrid, el patrón sería parecido: amanecería alrededor de las 5.45 en vez de las 6.45 actuales y el sol se escondería sobre las 20.48 en lugar de rozar las 21.48. En Huesca, el amanecer caería cerca de las 5.26 y el anochecer en torno a las 20.41; en Teruel, 5.35 y 20.38 aproximadamente.

El gran titular aquí es que el verano seguiría siendo largo… pero menos “noches eternas en la calle”. Nos iríamos antes a casa porque la noche llegaría antes.

¿Y en invierno qué ocurriría?

Aquí está la parte más delicada. El solsticio de invierno (21 de diciembre) es el día más corto del año. Con el horario de invierno permanente —que es el que tenemos ahora tras atrasar el reloj—, Zaragoza tendrá amanecer hacia las 8.27 y atardecer sobre las 17.36.

Pero, ¿qué pasaría si en vez de fijar el horario de invierno, España optara por fijar el horario de verano todo el año? Ese es el otro escenario sobre la mesa en Europa desde hace años: cada país elige uno de los dos horarios y lo mantiene fijo. En ese supuesto extremo (quedarnos para siempre con la hora de verano), la cosa se complica: en Zaragoza en diciembre amanecería después de las 9.20 y no anochecería hasta pasadas las 18.30. Es decir, niños entrando al cole de noche cerrada y horas de luz muy tardías por la tarde.

En Galicia, aún más llamativo: habría amaneceres pasadas las 10.00 en invierno si se mantuviera el horario de verano todo el año. Eso es uno de los argumentos que más pesa para inclinar la balanza hacia fijar el horario de invierno.

Por qué estamos haciendo esto todavía

El cambio de hora es una herencia de otra época. Se generalizó en Europa en los años 70, tras la crisis del petróleo, con la idea de “aprovechar la luz solar” y consumir menos electricidad. El razonamiento era sencillo: desplazar artificialmente una hora de luz hacia la tarde para gastar menos en iluminación. Esa idea ganó fuerza ya desde la Primera Guerra Mundial y luego se consolidó en décadas posteriores.

Hoy ese argumento hace aguas. Nuestras rutinas son distintas, el consumo energético ya no depende tanto de la iluminación doméstica, y la climatización (frío/calor) pesa mucho más en la factura. Además, la comunidad científica insiste desde hace años en que los cambios bruscos de horario dos veces al año alteran el sueño, el rendimiento y el estado de ánimo: el cuerpo necesita días para reajustarse al nuevo ciclo luz / oscuridad.

¿Esto se decide en España o en Bruselas?

No es tan fácil como que el Gobierno anuncie “se acabó” y listo. El calendario del cambio horario lo fija la Unión Europea de forma coordinada cada cinco años, para que todos los Estados miembros ajusten los relojes a la vez. Ese marco vigente llega hasta 2026. Y ahí está la ventana política: España quiere que, aprovechando ese vencimiento, el Consejo de la UE cierre definitivamente el debate y permita abandonar el cambio estacional.

En 2018, tras una macroencuesta pública en la que participaron millones de ciudadanos europeos, la Comisión Europea ya propuso eliminar el sistema de cambio horario. El Parlamento Europeo votó a favor en 2019. Pero el proceso se frenó porque los países no se ponían de acuerdo en qué huso mantener. Es decir: no había problema en “parar el reloj”, pero sí en decidir en qué hora quedarnos.

¿Y ahora qué?

Ahora España vuelve a empujar. El mensaje político es claro: basta de adelantar y atrasar la hora. El mensaje social también: la mayoría de la población española dice estar cansada del baile de agujas. Y el mensaje técnico apunta a fijar el horario de invierno, que es el más acorde con nuestra posición geográfica y el que evitaría amaneceres imposibles a las diez de la mañana en invierno en el noroeste del país.

Pero esto no es solo una cuestión de relojes. Afecta a horarios escolares, laborales y de transporte; a la conciliación familiar; al prime time televisivo; a la vida en la calle. Y afecta, muy especialmente, a ciudades como Zaragoza, donde la luz condiciona rutinas, movilidad y hasta la percepción del frío con cierzo incluido.

De momento, en la madrugada del domingo volveremos a atrasar el reloj una hora. Tendremos un día de 25 horas. Dormiremos (en teoría) más. Y saldrá el sol antes. Lo de si será la última vez… lo dirá Bruselas en 2026.

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