Análisis | Nolasco, Azcón, los vetos cruzados... y la aritmética imposible; por Álvaro Sierra
Aragón vive estos días en una tensión política que ya no se mide en mayorías ni en cifras, sino en tiempos. Tiempo para negociar, tiempo para decidir… y tiempo para asumir que la legislatura se encamina a un desenlace abrupto. Jorge Azcón ha puesto fecha límite: este viernes. Para entonces deberá elegir entre dos caminos que ya no admiten término medio: insistir en la vía del presupuesto de 2026 —exprimido hasta su último resquicio— o aceptar que la legislatura está rota y activar el adelanto electoral para 2026.
La situación ha mutado en apenas unas semanas. Lo que empezó como una negociación complicada, pero posible, se ha transformado en un laberinto institucional donde cada salida conduce a un bloqueo. Y en ese escenario, la dirección del PP —tanto en Aragón como en Madrid— empieza a ver en el adelanto no un fracaso, sino una oportunidad política: culpar a Vox del colapso, acudir a las urnas con el viento de las encuestas y buscar una mayoría más desahogada.
La tentación está ahí. El precedente de Extremadura, donde la falta de presupuestos encendió la mecha electoral, sobrevuela las conversaciones. Pero Aragón no es Extremadura. Aquí, las piezas se mueven con lógica de partidos regionalistas, de vetos cruzados y de geometrías imposibles. Y el rompecabezas parlamentario se ha convertido, hoy, en una ecuación sin solución.
"En Aragón las piezas se mueven con lógica de partidos regionalistas, de vetos cruzados y de geometrías imposibles"
El problema es ya estructural. La mayoría que hizo presidente a Jorge Azcón sobrevive solo en las actas, no en la política real. Vox mantiene su posición de máximos y ha puesto precio al presupuesto: recortes o supresión de ayudas a ONG vinculadas —según su discurso— a la inmigración irregular; prioridad de vivienda para españoles -sólo para españoles- mediante requisitos más estrictos; un paquete de seguridad y control migratorio que, en la práctica, son competencia del Estado y muy alejado de las posibilidades del Pignatelli; más recursos para orden público y emergencias en el medio rural.
Es un documento político que desplazaría la acción del Gobierno actual de Jorge Azcón hacia la agenda más dura del partido de Santiago Abascal. Algo que, en la practicidad que se mueve el presidente Azcón, es inviable. Aragón Teruel Existe, por su parte, ha sido tajante: no respaldará unas cuentas en las que figure Vox. El PAR mantiene su predisposición al diálogo, pero tiene solo tres escaños y forma parte del Gobierno autonómico de una manera 'silenciosa'. No es un socio, sino un complemento. No suma sin otros.
La realidad se resume en una frase que recorre los pasillos del Pignatelli: Quien pacta con Vox pierde a Teruel Existe. ¿Y el PSOE? Ha ofrecido una mano para sacar adelante el techo de gasto, pero para el PP ese gesto es un caramelo envenenado.
Pactar con los socialistas equivaldría a entregar a Vox un relato perfecto y a dinamitar la posición de Azcón en Madrid. Y, a su vez, asumir el pacto con el PSOE del 'sanchismo', el antagonismo político del PP que proyecta Alberto Nuñez Feijóo y el resto de sus barones. En definitiva, ninguna suma parlamentaria sostiene un presupuesto sin que algún partido pague un precio letal.
La intervención del consejero de Hacienda, Roberto Bermúdez de Castro, ha sido uno de los golpes de realidad más contundentes de esta crisis. No habló solo de “incomodidad política”. Habló de legalidad. Señaló que el Gobierno de Aragón "no va a llegar a lugares donde no está cómodo", pero añadió algo mucho más relevante: varias de las exigencias de Vox son “inasumibles” al estar “fuera de la ley” y del marco competencial autonómico.
Es decir: no habrá medidas que contradigan la Constitución o la normativa europea, ni políticas que excedan las competencias de la comunidad, ni un presupuesto convertido en manifiesto ideológico. Sus palabras fueron acompañadas de un aviso definitivo: la negociación “no puede pasar de esta semana” y no habrá “trasiego de papeles” infinito. O sí o no. Sin prórrogas. Sin dilaciones.
Perder unos presupuestos no es solo perder una votación. Es perder el pulso político del Gobierno. Significa gobernar a base de prórrogas, sin capacidad de iniciativa, dejando el relato en manos de la oposición y los antiguos socios. Lo saben todos.
Por eso, bajo la superficie, cada partido está ya modulando su mensaje de precampaña. El PP busca fijar el marco del “bloqueo” y de las exigencias imposibles de Vox. Los de Abascal quieren aparecer como el único garante de una agenda firme en inmigración y seguridad. Aragón Teruel Existe se reivindica como la alternativa a los extremos. Y el PSOE intenta mostrarse como la fuerza responsable ante el vacío presupuestario.
El resto de la izquierda, ni está ni se le espera. Unidas Podemos está en caída libre -sino ha caído ya-. La propuesta autonómica de Sumar fue sólo un anuncio: no hay nada tangible y medible electoralmente. Sólo queda Chunta Aragonesista, que se borró de la foto con Jorge Azcón en la conversación por unos potenciales presupuestos. Una decisión que resulta hábil de cara su parroquía y que ya se asume como el primer acto electoral. Faltará por ver si será Jorge Pueyo -o quién- el rostro electoral.
La geometría variable que Azcón pretendía pilotar ha saltado por los aires. Los socios se han atrincherado. Vox eleva sus precios. El PP responde con argumentos jurídicos. Y la legislatura parece avanzar sobre tiempo político prestado. Si esta semana no hay acuerdo —y nadie apuesta fuerte por ese desenlace—, el camino parece trazado: Azcón activará la vía del adelanto electoral en 2026.
El relato ya está escrito por todas las partes. Solo falta que el presidente decida si pulsa —o no— el botón.



