El intenso final de año de Víctor Serrano: los proyectos clave en el aire y miles de viviendas en juego

La voluntad política de Víctor Serrano es no arrastrar estos expedientes al año siguiente, sino que se quiere dejar aprobados los desarrollos estratégicos antes de 2026.
El consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, Víctor Serrano / AZ

El área de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza vive su cierre de ejercicio más tenso en años. En el despacho de Víctor Serrano y bajo la coordinación técnica de Miguel Ángel Abadía, se ha asumido un propósito que pocas concejalías suelen atreverse a fijar: desatascar antes de 2026 los expedientes más complejos, sensibles y bloqueados del urbanismo municipal, algunos paralizados durante décadas por litigios, informes cruzados, alegaciones masivas o falta de consenso político.

Urbanismo sabe que desbloquear planeamientos enquistados no solo exige soluciones técnicas: requiere decisión política, resistencia administrativa -tanto interna como externa- y capacidad para alinear actores con intereses opuestos. Esa es la presión que marca estos días en el área de Urbanismo y todo con el horizonte puesto en el último pleno municipal, donde se pretende dar luz verde a varios proyectos urbanísticos clave.

Una cartera de desarrollos que cambia el tablero residencial

En términos globales, el área ha conseguido activar en los últimos meses ámbitos que suponen 28.042 nuevas viviendas, casi la mitad protegidas. En cifras, es el mayor impulso de oferta residencial en décadas en Zaragoza, con capacidad para incrementar un 8,5% el parque actual de pisos. Para Serrano, tal y cómo detalló el pasado viernes, el impacto es triple: aumentar stock para moderar precios, dignificar solares degradados y tejer una ciudad más cohesionada.

En lugar de explicar al detalle cada desarrollo, Serrano insiste en que su relevancia está en haber roto inercias imposiblesEl ejemplo más claro es Aceralia (Picarral). Durante 23 años ha sido el caso de bloqueo administrativo más práctico de la ciudad. El área logró un acuerdo entre la aragonesa y multinacional Saica, la Sareb, actores sociales y vecinos. El resultado: un planeamiento viable, consenso territorial y el cierre de una de las heridas urbanas más visibles del Rabal.

Otro claro ejemplo es el antiguo colegio de Jesús y María en el centro, entre las zonas de Gran Vía y Avenida Goya. Es uno de los vacíos urbanos más simbólicos del casco consolidado. La operación permitirá construir 160 viviendas y reservar suelo municipal para equipamiento y zonas verdes. Además, aportará cerca de 6 millones al Ayuntamiento, en metálico y en parcelas.

Ambas operaciones se prevé que sean desatascadas definitivamente a finales de año. Las cuales son, para el equipo de Serrano, ejemplos de “lo que no se ve”: meses de informes, ajustes jurídicos, reuniones técnicas y negociación para alinear intereses privados y el interés general.

Urbanismo mira al último pleno del año

El cierre de 2025 es determinante. La voluntad política es no arrastrar estos expedientes al año siguiente, sino que se quiere dejar aprobados los desarrollos estratégicos que deben marcar la agenda inmobiliaria y urbana de la ciudad para el próximo año y que sean los promotores los que empiecen a ejecutar los proyectos. No se trata solo de construir: se trata de que Zaragoza deje atrás la parálisis que acompañaba a algunos de estos ámbitos desde principios de los 2.000.

El propio Serrano resumió su planteamiento en su última rueda de prensa: ampliar oferta residencial, coser la ciudad y cumplir con barrios que llevaban décadas esperando. Y esto, pese a las discrepancias administrativas que surgen internamente y la contestación ciudadana que no está alineada con los intereses del Ayuntamiento, como el caso de la 'torre rascacielos' de Vía Hispanidad que tiene 1.800 alegaciones que hay que atender y desatascar desde el área de Víctor Serrano.

Y a pesar de los contratiempos y las razones opuestas de vecinos o la oposición política, en Urbanismo reconocen que este diciembre es también una prueba: demostrar que el consistorio puede gestionar simultáneamente grandes recalificaciones, complejos planeamientos y negociaciones con decenas de actores.

Y mientras los proyectos avanzan hacia el pleno, queda en el aire la pregunta que sobrevuela al área:
¿qué Zaragoza empezará a construirse en 2026 si Urbanismo consigue culminar este sprint administrativo?

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