Opinión I Chueca vende Zaragoza en China... y donde se necesite

Zaragoza no puede conformarse con ser un punto en el mapa entre Madrid y Barcelona. Tiene que abrirse al mundo.

En un tiempo en el que las ciudades compiten con la misma intensidad que los países, Zaragoza no puede conformarse con ser un punto en el mapa entre Madrid y Barcelona. Tiene que ser cruce, destino y plataforma. Por eso hay que abrirse al mundo. Sin miedo ni pedir permiso. Una hoja de ruta bien trazada y que tenga sentido empresarial. Sea China, Miami o el norte de Europa.

Con esta idea atrevida y necesaria, la alcaldesa Natalia Chueca está desplegando en China una diplomacia urbana de resultados, con agendas concretas, reuniones útiles y acuerdos medibles que abren puertas a la inversión, a la tecnología y a la proyección internacional de nuestras empresas.

Es, precisamente, el acuerdo suscrito -recientemente- en el Memorando de Entendimiento con la ciudad de Weihai (2,9 millones de habitantes), un municipio con una economía cada vez más diversificada y que tiene una ambición global desde el gigante asiático. No consiste en hacerse fotos ni mostrar meros “gestos de amistad”.

La tarea consiste en establecer canales de trabajo: intercambios empresariales, colaboración tecnológica, turismo bidireccional y, sobre todo, acceso a redes que de otro modo tardaríamos años en construir. Y la ciudad está en un punto de crecimiento que invita a ser escuchado por ciudades del otro lado del mundo: hay avance empresarial y de bienestar, una identidad social y cultural reconocible y una apuesta seria por la sostenibilidad urbana. Eso pesa en la negociación. Y se nota en el acuerdo suscrito con Weihai.

Hace meses, Chueca firmó un hermanamiento con Nanjing que ya deja frutos tangibles: cuatro empresas zaragozanas y el clúster TECNARA han viajado recientemente a su feria de referencia a coste cero, amparadas por el convenio. ¿El resultado? Puertas abiertas para visitar compañías de gran volumen vinculadas a inteligencia artificial, incluida Huawei, y la posibilidad de acuerdos de colaboración que hasta ayer eran correos fríos y hoy son conversaciones cara a cara. Este es el camino para construir una ciudad competitiva y abierta al mundo.

Quien crea que esto es “turismo institucional” no entiende la liga en la que juegan las ciudades. La agenda del Ayuntamiento no viaja sola: en esta ocasión, directivos de Carreras acompañan a la delegación. Es un mensaje nítido: vender Zaragoza es bueno cuando se hace con producto, con proyecto y con socios.

Y si aún hay dudas, el ejemplo de TDG es bastante práctico: el gigante chino, a través de su división TDG Ibernavitas, ya ha decidido implantar su primera sede europea en Zaragoza, en PLAZA, con una primera inversión y 10.000 metros cuadrados para fabricación de baterías y soluciones de almacenamiento energético, electrónica e I+D+i. No es un PowerPoint; es industria, empleo y tecnología con fecha y dirección.

Hay quien objeta que el mundo es incierto, que la geopolítica es volátil y que las cadenas de valor se reordenan. Precisamente por eso, abrirse es la mejor póliza. Weihai y Nanjing son dos nodos de un corredor que nos interesa: conocimiento, hardware, software, turismo, retail y logística. Zaragoza aporta ubicación geoestratégica, energía competitiva, talento técnico —cada vez más ligado a los centros de datos y a la IA— y una calidad de vida que hoy pesa en la decisión de un ingeniero igual que su nómina.

Abrir Zaragoza al mundo no es solo firmar acuerdos; es traducirlos en agendas sectoriales: energía y almacenamiento, automoción avanzada, logística 4.0, contenidos digitales, IA aplicada a industria y ciudad. Con esta hoja de ruta, debemos ser exigentes como ciudad: cada hermanamiento debe tener reuniones con responsables, hitos y presupuesto.

Zaragoza tiene hoy una ventana de oportunidad. La disrupción tecnológica —desde la nube a los centros de datos pasando por la ciberseguridad— busca territorios fiables, con infraestructura, energía verde, buena conectividad y estabilidad institucional. Eso quiere ser Zaragoza.

La nueva diplomacia de las ciudades tiene que venir sujeta a resultados que sean política de Estado local. Confiemos en que traiga sus frutos.

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